13:00 hrs. Conjunto Santander de Artes Escénicas
| Localidades | Costo |
| Platea | $ 500.00 |
| Luneta Baja | $ 450.00 |
| Luneta Alta | $ 400.00 |
| Balcón Primero | $ 350.00 |
| Balcón Segundo | $ 300.00 |
| Balcón Tercero | $ 250.00 |
| Palcos Platea | $ 450.00 |
| Palcos Primeros | $ 350.00 |
| Palcos Segundos | $ 200.00 |
| Palcos Terceros | $ 200.00 |
Programa 4
Concierto de campeones
JULIO
Guillermo Salvador director invitado
Johannes Brahms
Obertura del Festival Académico
Heitor Villa-Lobos
El trenecito de Caipira
Héctor Tosar
Toccata
Jacques Offenbach
Obertura de Orfeo en los infiernos
Edward Elgar
Marcha Pompa y Circunstancia
José Pablo Moncayo
Sinfonietta
Manuel de Falla
Danza ritual del fuego
Giacomo Puccini
Intermezzo de Manon Lescaut
Alberto Ginastera
Danzas del ballet Estancia
NOTAS AL PROGRAMA
Concierto de campeones
Más allá del deporte, el futbol es complejo ecosistema social: cada juego lleva consigo sueños, lealtades y diferencias. Quizá por ello, el escritor y aficionado del balompié, Juan Villoro, ha apuntado con exactitud cómo: “Las multitudes llenan los estadios ilusionadas por algo que no sólo pasa en la cancha”.
La música figura como cantos de tribuna que ensalzan al equipo en turno y ridiculizan al rival. Pero, en esta ocasión seremos partícipes de un juego amistoso: las naciones que han alzado la Copa Mundial lanzan a la cancha a sus mejores compositores en un verdadero concierto de campeones.
Johannes Brahms da la patada inicial por Alemania, tetracampeona mundial (1954, 1974, 1990 y 2014). Presenta su Obertura del festival académico, obra de 1880 compuesta con motivo de la concesión de su doctorado honoris causa por la Universidad de Breslau, en Polonia. Más allá de una música solemne, Brahms elaboró un popurrí de canciones estudiantiles, mismas que se cantaban en las tabernas para beber. Este carácter festivo bien podría entonarse en las gradas de cualquier estadio hoy en día.
En un pase largo llegamos a Brasil, máxima ganadora con cinco coronas. Heitor Villa-Lobos entra a la cancha con El trenecito de Caipira (1930), cuarto movimiento de sus Bachianas brasileiras núm. 2, que nos remite al rítmico avance de este transporte por los campos sudamericanos.
En un tiro de esquina, el balón abre el paso a Uruguay, sede y campeón del primer mundial (1930), y autor del histórico “Maracanazo” de Brasil 1950, donde, contra todo pronóstico, se coronó 2-1 frente al local. Héctor Tosar cobra un saque de banda con su Toccata, obra de juventud estrenada en su cumpleaños dicisiete, el 18 de julio de 1940.
Aunque de origen germano, Jacques Offenbach se pone la playera gala por Francia y sus dos copas (1998 y 2018). Ingresa con la obertura de Orfeo en los infiernos (1858), opereta que revolucionó París con su irreverente parodia del mito clásico. Esta sátira musical culmina con el vertiginoso Galop infernal, mundialmente conocido como Can-can.
Edward Elgar pide cambio y entra por Inglaterra, campeona local en 1966 en el mítico estadio de Wembley. Avanza con la marcha Pompa y circunstancia. Su sección central, el tema Land of Hope and Glory, se arraigó de tal forma en el orgullo británico que hoy es la infaltable banda sonora de las graduaciones académicas en todo occidente.
Llega el medio tiempo: el balón aterriza en México, anfitrión en 1970, 1986 y este año junto a Estados Unidos y Canadá. Para amenizar el descanso aparece José Pablo Moncayo y su Sinfonietta (1945), obra que reafirma la vasta herencia de este compositor jalisciense, quien dice “presente” por una de las próximas sedes mundialistas: el Estadio Akron.
Para arrancar el segundo tiempo, Manuel de Falla y su Danza ritual del fuego nos conectan con la playera roja de España, campeona en Sudáfrica 2010. Extraida de El amor brujo, la danza nos recuerda a la joven gitana que busca exorcizar en las llamas al fantasma de su amante.
Falla pasa el balón a Giacomo Puccini, escudo de Italia y sus cuatro copas mundiales (1934, 1938, 1982 y 2006). El Intermezzo de Manon Lescaut (1893) baja el ritmo y describe la desesperación de Manon antes de su exilio, encapsulando el sufrimiento de los amantes en el lirismo desgarrador de las cuerdas.
Otro pase largo deja el área libre para Argentina, tricampeona con su reciente gloria en Catar 2022. Alberto Ginastera entra con la esencia pampeana en las cuatro Danzas de su ballet Estancia (1941). A través de un lenguaje rítmico obsesivo, la Danza final (Malambo) recrea la frenética competencia de los gauchos; un duelo reñido... ¿Acaso la orquesta logrará anotar el tan anhelado gol? Las palmas lo recompensarán.
Notas al programa: Montserrat Pérez-Lima