Programa
Miércoles 29 de abril, 19:30 h
Museo Cabañas
José́ Luis Castillo director artístico
Maxwell Pardo y Dmitry Pylenkov violines
Wolfgang Aamadeus Mozart
Sinfonía núm. 27
Manuel Enríquez | 100 aniversario
Concierto barroco para dos violines
Igor Stravinsky
Suite de Pulcinella
Sinopsis
En este concierto ofrecemos un recorrido ágil entre tradición y modernidad, articulando épocas y lenguajes en un mismo trazo sonoro. La Sinfonía núm. 27 de Mozart abre con claridad y energía juvenil, mostrando una escritura breve y equilibrada.
En el marco de la conmemoración de su centenario, seguimos con Manuel Enríquez y su Concierto barroco para dos violines en donde el compositor, originario de Ocotlán, reinterpreta formas antiguas mediante un diálogo ágil entre solistas y orquesta.
Por último, con la Suite de Pulcinella de Stravinsky, el barroco es revisitado con ritmo, claridad y un sutil sentido lúdico.
Con este concierto, celebramos la primavera como renovación de la tradición: un tiempo en el que el pasado vuelve a florecer bajo nuevas formas y se entrelazan en un mismo impulso vital.
Notas al programa
Wolfgang Amadeus Mozart
Sinfonía núm. 27
Compuesta en Salzburgo en 1773, la Sinfonía núm. 27, revela a un joven Mozart en pleno tránsito entre la sinfonía como obertura funcional y el género autónomo que dominaría el concierto público. Con apenas 17 años, el compositor articula una obra breve, de alrededor de 18 minutos que, sin pretensiones monumentales, muestra ya una notable precisión formal.
El diseño en tres movimientos (rápido–lento–rápido) responde al modelo italianizante previo a la consolidación del minueto sinfónico. El Allegro inicial adopta una forma sonata compacta, donde el desarrollo no busca complejidad sino impulso dramático. En el Andante grazioso, las flautas —en lugar de oboes— aportan una sonoridad ligera y cantable, cercana a la ópera, con un sutil juego de tensiones y reposos armónicos; incluso aparece un breve gesto humorístico en los contrabajos antes de la recapitulación.
El Presto final introduce una escritura contrapuntística ágil, casi una fuga insinuada, que rápidamente se disuelve en un carácter danzante.
La escucha se enriquece al atender esta economía de medios: con recursos limitados, Mozart consigue claridad, ingenio y una elegancia que anticipa su madurez sinfónica.
Manuel Enríquez | 100 aniversario
Concierto barroco para dos violines
Nacido en Ocotlán en 1926, Manuel Enríquez transformó el horizonte musical del país: abrió paso a la experimentación, conectó a México con las vanguardias internacionales y convirtió la composición en un campo de riesgo, escucha y pensamiento. Su legado no sólo habita en sus partituras, sino en las instituciones, foros y prácticas que impulsó para la música nueva.
El Concierto barroco para dos violines de 1978 pertenece a su última etapa. La forma barroca funciona aquí como un campo de operaciones que Enríquez interviene desde su propio lenguaje. Enríquez toma la forma barroca como un mecanismo, no como modelo fijo, y la atraviesa con su propio lenguaje—flexible, abierto, con ecos de procedimientos azarosos. El resultado es una música que parece mirar al pasado mientras se desdobla en el presente.
En la escucha, destacan los diálogos entre los dos violines: a veces reflejándose, a veces teniendo fricción. La cuerda sostiene bloques sonoros claros, casi arquitectónicos, mientras la orquesta introduce una textura que oscila entre lo histórico y lo desplazado. Todo fluye con una claridad engañosa: bajo la superficie, la escritura juega con la expectativa, la variación y el contraste.
Esta obra condensa una idea central en Enríquez: la tradición no se conserva, se reescribe. Aquí, el barroco no se cita—se activa. Cabe comparitr que para el compositor Luis Jaime Cortéz la musica de Enríquez se corresponde, a nivel de escritura, con la obra de Octavio Paz.
Igor Stravinsky
Suite de Pulcinella
A primera escucha, la Suite de Pulcinella, aparece venir de otro siglo. Sin embargo, en ella Igor Stravinsky inventa una nueva forma de modernidad. El punto de partida fue un encargo de Sergei Diaghilev para los Ballets Rusos: rehacer músicas atribuidas a Giovanni Battista Pergolesi. El resultado no es arreglo ni referencia fiel, sino alquimia: melodías y bajos del siglo XVIII permanecen, pero el pulso, la armonía y el color orquestal los desplazan hacia el siglo XX.
El ballet original se estrenó en París en 1920, con escenografía de Picasso y coreografía de Léonide Massine. De sus 21 números, la suite concentra una serie de piezas breves con perfiles nítidos y contrastes inmediatos, de la Sinfonia inicial a la vivaz Tarantella.
Se puede escuchar en ella la transparencia de la orquesta y pequeños desajustes: acentos continuo, disonancias súbitas, ironías rítmicas. Allí ocurre lo esencial. Más que nostalgia, se trata de una mirada distinta al pasado: un espejo donde lo antiguo se vuelve extraño y lo moderno, inesperadamente claro.
Notas al programa: Omar Fraire